Batalla Campal
La semana pasada fui a un retiro de meditación zen en Mérida.
Nunca había ido a uno de estilo zen japonés, y menos a uno con un horario tan estricto y tan apegado a las viejas costumbres japonesas: nos levantábamos a las 3:20 a. m., meditábamos, desayunábamos, hacíamos servicio comunal, meditación, meditación, meditación… y terminábamos tipo 9:30 o 10 p. m.
Claro, seguro leyeron “retiro zen de meditación” y pensaron:
“Qué a gusto…”
Ni madres.
Mi primera batalla —y mi miedo prerretiro— se hizo presente desde que llegué a Mérida:
el calor.
Recién saliendo del aeropuerto comenzó el infierno.
El retiro fue en una casa justo enfrente del mar, súper bonita. Y sí, había aire acondicionado en la sala donde se hacía el retiro, pero estaba pensado para 4 o 5 personas, no para 40 mexicanos sudorosos sentados como en concierto del Gran Silencio: uno pegado al otro, bochornosos, inquietos, tratando de alcanzar la iluminación o al menos de no morir deshidratados.
Subimos las cosas al cuarto —ese sí tenía aire, causante de que la primera noche me diera dolor de garganta— y así, además del calor, me aventé el malvado retiro tose y tose.
Después fuimos a ver la playa. Muy bonita, sí, pero pues íbamos a pasar casi todo el día con los ojos cerrados xD
Finalmente, tipo 6 p. m. del sábado, nos juntamos todos en el zendo, la sala donde se haría la meditación.
Enen —la encargada del retiro, principal alumna del Roshi, el maestro con quien ha estudiado en Japón— comenzó a explicarnos la dinámica.
En pocas palabras nos dijo que estos retiros se hacían así desde hace cientos de años en Japón, que eran estrictos, pero que si realmente seguíamos el flow, podían beneficiarnos muchísimo.
Yo estaba entre sudor, pánico, arrepentimiento y dolor de rodillas cuando dijo algo que me atrapó de inmediato:
“Aquí van a ver a todos muy zen, con los ojos cerrados, como si todos estuvieran en paz… pero no se dejen engañar. Este lugar es un campo de batalla. Cada quién va a estar luchando con sus pensamientos, y no hay batalla más difícil que la de dominar su mente.”
Pffff.
Mi cabeza explotó.
Claro: todos ya estábamos en plena batalla campal.
en un lugar extraño
durmiendo con otras cinco personas, de las cuales seguro dos o tres roncan y todas se pedorrean
sentados con calor, dolor de rodilla, apretados, sudorosos y ansiosos
sin saber qué esperar
sin entender bien si lo estábamos haciendo bien o mal
Es decir, antes de empezar formalmente, mi mente ya era un caos.
Pero saberlo —saber que justo a eso iba— me dio paz.
Y sí, lo que duró el retiro fue una batalla campal bastante curiosa:
silencio por fuera, infierno por dentro.
Bueno… infierno con ligeros momentos de claridad y paz.
Y así es la vida.
Por fuera pensamos que todos se ven bien, que a todos les va maravilloso, que todos están más zen, más centrados, más felices, más resueltos que nosotros.
Pero por dentro, todos estamos peleando una batalla campal.
Sí, también tus clientes.
Y por eso ahí hay una oportunidad enorme:
entender que aunque por fuera todo parezca normal, por dentro casi siempre hay un problema, una tensión, un miedo, una confusión o una batalla que nadie está viendo.
A veces vender no es otra cosa que saber reconocer la guerra silenciosa del otro.
nota: Si quieren saber más del retiro solo dejen en comentarios “zen” para saber si escribir un poco más sobre los 3 días de retiro y los detalles de la batalla campal jajaja.

